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martes, 3 de julio de 2012

La gana hermosa

Ya casi, el 4 de algún marzo, de atrás, de adelante de hoy, las palabras encontraron venenos, encontraron silencio, el yo aquel y caímos en desencuentro, en la intolerancia del mundo tricolor lleno de sangre y cocaína.¿ dónde estas señora muerte?, mira que el niño no puede suicidarse, mira que escribo sin comas ni puntos, mira adentro, bien adentro, que esta vida de los hombres es un desconcierto. No te vayas no te vayas.


Vuelvo yo de oír puras complacencias, vuelvo sin mucho sueño, sólo porque ya han llegado las 4, la hora, según la legalidad, de estar en calma.


Atraviesa verticalmente todas las posibilidades de precocidad. Ya pagarás el precio: a los 19 años no tendrás sino cansancio en la mirada agotada de capacidad de emoción y disminuida la fuerza de trabajo.


Alguien que pasara ahora y me viera el pelo no lo apreciaría bien. Hay que tener en cuenta que la noche, aunque no más empieza, viene con una niebla rara. Y además que le hablo de tiempos antes y que... bueno, la andadera y el maltrato le quitan el brillo hasta a mi pelo.


Le gustaba ser mirada. No resistía que la tocaran. Ella fue hasta donde llega mi conocimiento, la primera del Nortecito que empezó esta vida, la primera que lo probó todo. Yo he sido la segunda.


Soy rubia. Rubísima. Soy tan rubia que me dicen: "Mona, no es sino que aletee ese pelo sobre mi cara y verá que me libra de esta sombra que me acosa"




lunes, 2 de julio de 2012

Ya no huelo a mí (qué onda)

Ahora
me va a dar por decirte que
si me despierto
y te busco
y me demoro horas, ya sé
pero de todos modos te
encuentro
¿Qué pasa?
pues que si
me toco te toco
y si
me huelo te huelo
y tu olor no se va
con nada
y si alguien me huele
sabe que
ya no huelo a mí (qué onda)
que ya no soy
del todo yo
sólo un poquito yo
porque te me metiste
adentro
y qué le hacemos
si me quisiste
si es tan rico
si te quiero
si me quieres
si te quiero
si te quiero.






Andrés Caicedo.




Y si alguien me huele sabe que ya no huelo a mí (qué onda)
La desolación claraoscura***

sábado, 4 de febrero de 2012

Cali, Agosto de 1975

¿Cuánto hace que no soy nadie? Soy una muralla blanda de sombras y de humo. He atravesado, de noche, una muralla de agua, y me he refugiado en este castillo y me ha dado una piquiña, que no sé si fue producida por la ropa que se me pegó por completo a la piel, pero me dejó la piel seca, seca y reaccionando a la humedad excesiva, y por eso ahora pica. ¿Qué haré yo, qué pensaré mañana? Conseguiré de nuevo un estado parejito, una luz, una potencia que me pueda asegurar que mis fuerzas vuelven… Oh, es cometer la acción y sentir inmediatamente el arrepentimiento. ¿Para qué entonces? ¿Con qué objeto?
¿Podré escribir ahora, de nuevo, que me propongo un nuevo día? Palabras, palabras fuertes mías, concédame unos sueños en los que pueda mirar al futuro, y un amable despertar.

domingo, 29 de enero de 2012

Soy un hombre melancólico.



Puede ser una tarde con estrellas
La tarde se parece a mí
Soy un hombre melancólico
Soy un poeta.
Cuando tenía 12 años fui a mi primera
fiesta y fue cuando me toco bailar por
primera vez en mi vida. Me fue muy mal.
No me cogió el paso. Me dijo: no le
cojo el paso y me dejó allí. Y yo fresco.
Pero ahora yo pienso
que si me hubiera cogido el paso ahora yo
sería bailarín y no poeta.
Hay gente que puede ser poeta y bailarín
al mismo tiempo.
Pero yo no puedo. Yo soy un hombre melancólico.
Puede ser la luna a mis espaldas.


Andrés Caicedo.




viernes, 13 de mayo de 2011

Noche sin fortuna.


(...)

Cae la tarde, la luna que vendrá a nosotros. Pasa de nuevo, mujer, porque me gustas. Te doy un pase para el cine club? un pase a mi corazón, te lo diría mejor así tengo una muralla de humo a mi alrededor, y nadie, nadie se equivoca con respecto a mí. Gracias a ti, Antígona, que me elegiste de sólo posar tu mirada en mí y me diste el entendimiento, la inmediata comprensión de que me habías elegido, y de que en ese acto se me iba, está bien, digamos, mi razón, mi orden, mi especial modo de ser con la disciplina que confunde a mis compañeros, a mis seres queridos, ya no más queridos si te quiero a ti y los comparo con ellos. Erraré por estas calles y te buscaré hasta encontrarte, hasta que sientas una vez más deseo de mí, deseo de la carne fresca que te consigo. "Tengo para ti muchachos rubios, de bolas infladas para que mordisquees y chupes y soples si te sientes asesina
.

Búscame y encuéntrame, te lo suplico. No me dejes más en este andén, sufriendo las burlas de mis conocidos, de la gente que me mira y tiene que comentar, tiene que contar e inventar canciones de la que llaman mi decadencia. Pero como va a ser decadencia si tengo un motivo tuyo entre mis cejas, entre mi árbol del pan, mi cinturón de Hermes, averiado y todo pero férreo en ti, si lo hubiera utilizado para amarrarte, para golpearte en la cara y azotarte en la espalda cada vez que me fallaras, cada vez que olvidaras darme la oportunidad de probarte que yo no te fallaré jamás, Eva primigenio, que me encontrarás en esta esquina a la hora que te dé la gana divin
a, la gana hermosa de venir a mí y estar bien, parar tu carrito Simca, abrir la puerta, tenderme la mano, reclamarme, ayudarme a parar, yo me desgonzaré y dejaré que me sobes la cabecita, porque me lo merezco, porque he esperado mucho y he sufrido, me sobarás la cabecita y me besarás el cuello, y me dirás las mil razones de tu necesidad de mí, me instruirás, me indicarás en la dirección que ahora quieres ir, la edad de las víctimas, se me da un pepino que sean en realidad los mejores amigos, en realidad, los mejores amigos míos. Ven, ven por mí.


Andres Caicedo.


[Esto es, como para Vos.]


Infección.

Odio la Avenida Sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad. Odio el club campestre por ser a la vez un lugar estúpido, artificial e hipócrita. Odio el teatro Calima por estar siempre los sábados lleno de gente conocida. Odio al muchacho contento que pasa al lado, perdió al fin del año cinco materias, pero eso no le importa, porque su amiga se dejó besar en su propia cama. Odio a todos los maricas por estúpidos en toda la extensión de la palabra. Odio a mis maestros y sus intachables hipocresías. Odio las malditas horas de estudios por conseguir una buena nota. Odio a todos aquellos que se cagan en la juventud todos los días.

***

Odio a todas las putas por andar vendiendo adoraciones falsas en todas sus casas y sus calles.

Odio las misas mal oídas... odio todas las misas. Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio... y a ustedes les importa?

Si, odio todo esto, todo eso, todo. Y lo odio porque lucho por conseguirlo, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso lo odio, porque lucho por su compañía. Lo odio porque odiar es querer y aprender a amar. Me entienden? Lo odio, no he aprendido a amar, y necesito de eso. Por eso, odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada...

a nada

a nadie

sin excepción!


Andres Caicedo.