lunes, 20 de agosto de 2012

La idolatrada


Montaña de versos, brazada de sueños
ardiendo,
tú
sobre mi sexo;
llaga de sol, llaga de miel, llaga de luz encima de las frutas clásicas,
incendio,
leña de pena...

Como camino polvoroso
de canciones,
como recuerdo polvoroso,
así
tu amor
embellece   y   alegra entristeciendo.

Viejo y negro pueblo de tórtolas crepusculares;
casa de los naranjos melancólicos
y las tejas lluviosas;
casona de herrumbre con gatos oblicuos y tristes;
con limoneros, solteronas y días domingos,
con villorrios y viajeros, con postinos de cansancio, con carretas de tonadas
en las vitrinas anacrónicas;
país de las provincias y los pianos ruinosos
bajo el poniente irremediable,
país de los sepulcros, los borrachos y las rutas de otoño,
yo.
y tú,
tú, pequeña, curiosa, morena, asomada en las ventanas...

Quiero la vida porque tú eres vida,
quiero la sombra porque tú eres sombra, mujer,
quiero la tierra porque tú eres tierra;
y tus besos como higos
                      como agua de fuentes rurales.
                      como uvas
llenas de mar, cantando desde las viñas cósmicas;
acepto la materia y la tristeza
porque tu carne es triste,
porque tu alma es triste
como la higuera de las parábolas.

Abierta
frente al universo
abierta,
eres cual una herida de la Tierra.
poblada de voces mundiales,
madura de goces fragantes...
¡palabras del siglo, muñeca con ojazos negros!...
panorama del hombre y del tiempo
cruzando mis huesos!...

Aventurero con espanto,
columpio mi gesto pirata,
como un fruto enorme y podrido,
entre la nada y la nada;
encima tú, como un beso en un mundo,
encima tú, temblando,
encima tú, como un canto en un muerto,
encima tú, como un nido en un árbol
estupendo,
paloma de las lindes últimas.

Eres clara como la muerte,
eres buena como la muerte
y profunda como la muerte;
dulce y triste como sol de invierno;
llena de nidos y frutos,
como un bosque inmenso o una humilde casa de campo:
arada por la maternidad,
los hijos te engrandecen como a la tierra el surco,
mujer, la idolatrada.
mujer, la idolatrada.

Hermana de la luna,
la pena,
la lluvia
y el destino de las cosas,
determinas el límite
de l0 absoluto y l0 infinito
con la rayita azul de tu existencia.

Embajadora de las golondrinas,
mujer, la idolatrada;
se enorgullece "Dios" de haberte hecho
y haberte mirado en los tiempos, haberte mirado en los mundos, haberte
                                                                               mirado en los sueños
frente a la creación, adolorida;
bendita y amada
por
los siglos
de
los siglos...
¡coronada de pueblos y de niños!...



sábado, 11 de agosto de 2012

El último intento.


Este es mi último intento de ser feliz
después de caer y vuelta a caerme de nuevo
con una palidez y un temor balbuceante
intoxicado por fresas venenosas.

Este es mi último intento de ser feliz,
como lo pensé, mi fantasma está parado ante un precipicio
y desea dar un salto por sobre todas mis heridas
hacia un lugar en que tiempo atrás fui hecho pedazos.

Allí sobre mis huesos rotos
una libélula muy serena se posa en ellos
y las hormigas tranquilamente vienen entrando
en las vacías cuencas de mis ojos.

Me he transformado en un fantasma. Me he ido de mi cuerpo,
me desprendí de mis huesos
pero sigo entre los fantasmas
y otra vez mi imagen se dibuja en tantos abismos.

Un cariñoso fantasma produce más terror que un cadáver.
Pero a ti no te dio miedo y me entendiste,
y juntos saltamos como si fuera un precipicio
pero el profundo abismo se extendió en unas alas blancas
y nos dejó en la niebla.

Tú y yo no estamos tendidos en una cama,
sino en la niebla que apenas nos sostiene.
Soy un fantasma. Ya no me quiebro mis huesos.
Pero tú continuas viva. Y tengo tanto miedo por ti.

Otra vez el cuervo gira en círculos funerarios
y espera por la carne fresca como en un campo de batalla.
Este es mi último intento de ser feliz.
Mi último intento de poder amar.





Quince minutos antes.


Llegue más temprano, como siempre, quince minutos antes para encontrar el lugar más visible, el lugar donde la luz llegara para iluminar más bonito, quince minutos para encontrar mi lugar.

 Los quince minutos de siempre para ver por donde llegaría, quince minutos para estar segura de que iba a ver la expresión de la cara suya al buscarme, ver como caminaba sin saber que yo estaba ahí, mirando, ver el cambio de sus pasos en el mundo cuando caía en la cuenta de que tenía mis ojos puestos en sus cabellos, en sus manos y en sus ojos, que veían como paso por paso se acortaba la distancia de nuestros cuerpos.

Quince minutos para planear un comentario bonito sobre la gente, sobre su camiseta. Quince minutos para descartar cualquier intento de poema cotidiano, cambiándolo por un abrazo que al final se convertía en un beso de mejilla contra mejilla.

Quince minutos perdidos porque ese día llovió y hubo que dejar el lugar con luz bonita para encontrar uno con techo, un lugar que probablemente no me dejaría ver sus pasos y los pasos de su amiga.
Primero llovió fuerte, después suavemente, pero era el agua suficiente para conservar los charcos. Llovía y hacia sol. Mi cuerpo caminaba bajo la chaqueta de su amiga para prohibir al agua tocar nuestras pieles, chaqueta que nos hacía mirar hacia abajo, mirar nuestros pies mojados.

Escampó.

Un café con leche, una gaseosa, un café con poquita azúcar. La amiga, mi amiga y yo. Un café con leche frente a mi café amargo. Ojos tristes frente a ojos tímidos; un encendedor antiguo, como regalo. Regalar un encendedor como regalar un recuerdo, regalar el recuerdo de una antigua amiga suya.

Caminar cinco minutos que multiplicado por tres era quince, para comprar un cigarrillo, y caminar diez minutos que multiplicado por tres era treinta, para sacar de un bolso un aerosol azul y rayar la pared de la construcción empantanada.

Dejar de contar el tiempo y empezar a contar historias.

La puerta del museo, más de quince personas en la fila, sonaba un violonchelo. Las sillas, nuestras tres sillas en la mitad de la mitad del salón, por razones de luz y estética. Mi mano sobre la mano de la amiga, las risas.

Terminó el concierto, mejillas contra mejillas.

La amiga y yo esperábamos el mismo bus.

Las personas, los asientos, el conductor, las calles, los semáforos.

Diecisiete minutos después, Ella bajó del bus de mi vida. 



J.C

domingo, 5 de agosto de 2012

La ventolera.


Silba el viento dentro de mí.
Estoy desnudo. Dueño de nada, dueño de nadie, ni siquiera dueño de mis certezas, soy mi cara en el viento, a contraviento, y soy el viento que me golpea la cara.


El hambre/2


Un sistema de desvínculo: El buey solo bien se lame.

El prójimo no es tu hermano, ni tu amante. El prójimo es un competidor, un enemigo, un obstáculo a saltar o una cosa para usar. El sistema, que no da de comer,tampoco da de amar: a muchos los condena al hambrede pan y a muchos más condena al hambre de abrazos.



domingo, 22 de julio de 2012

Diez y: (siete)

Uno.

Voy a coser cada recuerdo con puntadas muy pequeñas y pulidas
y se van a sostener todos tan juntos,
tan fuertes,
que podrán salir solos.



Dos.

Salieron a caminar los recuerdos
y aún no han vuelto.
No es tan tarde.
Estoy preocupada y digo en voz alta:
“no sé qué pensar”
y lo digo como un susurro,
casi in-oíble.
Lo digo tan bajo
que si no fuese porque vi
el movimiento de mis labios en el espejo,
lo hubiese confundido
con un pensamiento.


Tres.

Salí y pegué tu foto en
cada poste de luz que fue posible y yo
sólo sabia que eras tú porque los
únicos recuerdos que no cosí,
fueron el de los olores de mi vida.


Cuatro. 
No valieron cuantas fotografías
disolví por toda la ciudad/ en los carteles
no puse un teléfono, ni una dirección, ni si quiera un titulo de:
“perdidos”
¿los quiero encontrar?


Cinco.

Cambié de casa y de nombre.
No se van a quedar afuera por siempre.


Seis.

Descuelgo el paraguas que no
entra en las maletas y lo abro.
Caen los pétalos secos,
los pétalos secos de mis recuerdos.


Siete.

Desde que fuimos
lo que nunca más seremos, no había caído del cielo
más agua que la del rocío en la mañana.


¿Aún conservas mi foto?


J.C



martes, 17 de julio de 2012

Pájaro azul


Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?



lunes, 9 de julio de 2012

Místico.


(...)

¿Es que la mar recuerda
a quien la camina?

Goteras de moléculas. Las chimeneas
de la ciudad respiran, la ventana suda,
los niños saltan en sus cunas.
El sol florece, es un geranio.
El corazón no se ha parado.


La otra


(...)

¿tan intrigante es mi vida?
¿Por eso agrandas tus ojeras?

¿Es por eso por lo que se alejan l~ motas de aire?
No son motas de aire, sino corpúsculos.

Abre tu bolso. ¿Qué es ese hedor?
Es tu calceta, asiéndose

asiduamente a sí misma,
son tus dulces pegajosos.

Tengo tu cabeza contra mi pared.
Cordones umbilicales, azulrojizos, lácidos,

chillan desde mi vientre, cual flechas, y cabálgolas.
O luz lunar, o enferma,

los caballos robados, las fornicaciones
circulan útero marmóreo.

¿A dónde vas
sorbiendo aire como kilómetros?

Lloran oníricos adulterios
sulfúricos. Cristal frío, ¿cómo

te introduces entre yo misma
y yo misma? Araño como un gato.

La sangre que fluye es fruta mate:
un efecto, un cosmético.

Sonríes.
No, no es mortal.



Soy vertical


Mejor querría ser horizontal.
No soy un árbol con raíces hondas
en tierra, sorbiendo minerales y amor materno,
refloreciendo así de marzo en marzo,
reluciente, ni orgullo de parterre
blanco de admirativos gritos, muy repintado,
y a punto, ignaro, de perder sus pétalos.
Comparado conmigo es inmortal
el árbol, y las flores más audaces:
querría la edad del uno, la temeridad de las otras.

Esta noche, en luz infinitésima
de estrellas, árboles y flores
han esparcido su frescura aulente.
Yo entre ellos me paseo, no me ven, cuando duermo
a veces pienso que me les hermano
más que nunca: mi mente descaece.
Resulta más normal, echada. El cielo
y yo trabamos conversación abierta, así seré
más útil cuando por fin me una con la tierra.
Árbol y flor me tocarán, veránme.





Metáforas


Adivíname: nueve sílabas
tengo, elefante, casa grande,
melón con sólo dos tentáculos.
¡Oh fruta, marfil, leño fino!
Dinero nuevo en este bolso.
Soy medio, escena, vaca grávida.
Comí muchas manzanas verdes.
Del tren en que voy nadie baja.

Solterona



Esta chica de quien hablamos
en un paseo de abril ceremonioso
con su último pretendiente
súbitamente se asombró muchísimo
del charlar de los pájaros
y las hojas caídas.

Así, afligida, ella
vio que los ademanes de su amante
agitaban el aire y se irritó
entre el caos de flores y de helechos
acres. Juzgó los pétalos
confusos, la estación ajada.

¡Cómo deseó el invierno!
Austeramente, en orden minucioso
de blanco y negro
de hielo y roca, todo deslindado,
de corazón a fría disciplina
sometió, exacto cual copo de nieve.

Pero he aquí: un capullo
de sus cinco sentidos de gran dama
una grosera confusión deduce:
traición intolerable. Que el idiota

se rinda al caos de la primavera:
prefirió retirarse.

Y rodeó su casa
de alambradas y muros impasables
contra el tiempo rebelde
tanto que nadie lo rompiera
con maldiciones, puños, amenazas,
ni con amor tampoco.

sábado, 7 de julio de 2012

Sobre Chagall


Duerme
Se despertó
De pronto, pinta
Toma la iglesia y pinta con una iglesia
Toma la vaca y pinta con una vaca
Con una sardina
Con cabezas, manos, cuchillos
Pinta con un nervio de buey
pinta con todas las sucias pasiones de una pequeña ciudad judía
Con toda la sexualidad exacerbada de la provincia rusa
Por Francia
Sin sensualidad
Pinta con muslos
Tiene los ojos en el trasero
Y es de pronto vuestro retrato
Eres tú lector
Yo soy
El es
Es su prometida
Es el tendero de la esquina
La vaquera
La partera
Hay cubos de sangre
Donde se lava a los recién nacidos
Cielos de locura
Bocas de modernidad
La torre en tirabuzón
Manos
Cristo
Cristo es él
Él pasó su infancia en la cruz
Se suicida todos los días
De pronto, no pinta mas
Se despertó
Duerme ahora
Se estrangula con su corbata
Chagall se asombra de vivir todavía.






"Cuando Chagall pinta, no se sabe si
mientras tanto duerme o sueña. Debe
tener un ángel en algún lugar de su 
cabeza" 

Picasso.




martes, 3 de julio de 2012

La gana hermosa

Ya casi, el 4 de algún marzo, de atrás, de adelante de hoy, las palabras encontraron venenos, encontraron silencio, el yo aquel y caímos en desencuentro, en la intolerancia del mundo tricolor lleno de sangre y cocaína.¿ dónde estas señora muerte?, mira que el niño no puede suicidarse, mira que escribo sin comas ni puntos, mira adentro, bien adentro, que esta vida de los hombres es un desconcierto. No te vayas no te vayas.


Vuelvo yo de oír puras complacencias, vuelvo sin mucho sueño, sólo porque ya han llegado las 4, la hora, según la legalidad, de estar en calma.


Atraviesa verticalmente todas las posibilidades de precocidad. Ya pagarás el precio: a los 19 años no tendrás sino cansancio en la mirada agotada de capacidad de emoción y disminuida la fuerza de trabajo.


Alguien que pasara ahora y me viera el pelo no lo apreciaría bien. Hay que tener en cuenta que la noche, aunque no más empieza, viene con una niebla rara. Y además que le hablo de tiempos antes y que... bueno, la andadera y el maltrato le quitan el brillo hasta a mi pelo.


Le gustaba ser mirada. No resistía que la tocaran. Ella fue hasta donde llega mi conocimiento, la primera del Nortecito que empezó esta vida, la primera que lo probó todo. Yo he sido la segunda.


Soy rubia. Rubísima. Soy tan rubia que me dicen: "Mona, no es sino que aletee ese pelo sobre mi cara y verá que me libra de esta sombra que me acosa"




lunes, 2 de julio de 2012

Ya no huelo a mí (qué onda)

Ahora
me va a dar por decirte que
si me despierto
y te busco
y me demoro horas, ya sé
pero de todos modos te
encuentro
¿Qué pasa?
pues que si
me toco te toco
y si
me huelo te huelo
y tu olor no se va
con nada
y si alguien me huele
sabe que
ya no huelo a mí (qué onda)
que ya no soy
del todo yo
sólo un poquito yo
porque te me metiste
adentro
y qué le hacemos
si me quisiste
si es tan rico
si te quiero
si me quieres
si te quiero
si te quiero.






Andrés Caicedo.




Y si alguien me huele sabe que ya no huelo a mí (qué onda)
La desolación claraoscura***

viernes, 8 de junio de 2012

Los sueños de una mujer que soñaba con otra mujer.


Había una mujer que siempre soñaba con otra mujer, cada vez que la primera mujer cerraba los ojos, tenía la imagen de la segunda mujer entre sus parpados, la primera mujer soñaba con que ella y la segunda mujer vivían juntas y en como era su cara al amanecer a su lado, la primera mujer planeaba muchas maneras de despertarse sin despertar a la segunda mujer para ir y lavarse la cara y organizarse el cabello porque quería que ella (La segunda mujer) abriera los ojos y se enamorara. La primera mujer soñaba con que la segunda mujer llegaba a la casa que compartían y la encontraba en el baño, metida en la ducha, con ropa y con un cigarrillo en los labios y en que en seguida se quitaban la ropa y hacían el amor y después llegaban tarde a una de las fiestas familiares de la segunda mujer.

Pero la primera mujer también tenía pesadillas, siempre la misma…

La primera mujer soñaba con qué un día la segunda mujer le hacia caso a las personas que le decían que la primera mujer la estaba estancando porque casi siempre estaba borracha, soñaba con que la segunda mujer se cansaba de que la primera mujer no la dejara pensar en los negocios, soñaba que un día la segunda mujer la dejaba a ella para conseguirse una tercera mujer que también como ella (la segunda mujer) hablara otro idioma y quisiera irse para otro país.

La primera mujer sentía a la segunda mujer muy lejos y muy fría.

Soñaba con que se congelaban en el tiempo, soñaba con que los ojos negros de la segunda mujer ya no la miraban para saber si sí estaba ahí, porque los ojos negros de la segunda mujer tenían que preocuparse por la tercera mujer. La primera mujer tenía sueños dentro de sus sueños,  en esas pesadillas soñaba con cómo antes, la segunda mujer la miraba con sus ojos negros siempre, para saber que la primera mujer estaba ahí, soñaba en como antes la segunda mujer sentía tanto miedo cuando iba a parpadear porque pensaba que tras ese leve apagón de luz iba a encontrar un espacio vacío que debía de estar lleno con la primera mujer. 

La primera mujer se despertaba sudando, porque en sus sueños sentía como si para la segunda mujer, ella (la primera mujer) fuera sólo una aparición de poquitos colores, se despertaba pensando que cada día la segunda mujer iba a dejar de interesarse por sus días, a los que la primera mujer prefería llamar constelaciones.

La primera mujer soñaba con que ella y la segunda mujer eran una bufanda, que ella y la segunda mujer eran un montón de hilos entrelazados y que si una se movía se iba a deshacer la bufanda de sus vidas, la primera mujer tenía pesadillas en las que sentía que ella y la segunda mujer eran hilos de papel, y que cada lagrima que caía de la primera o de la segunda mujer, con o sin gusto, hacía que se desgastara más y más…

La primera mujer soñaba que perdía a la segunda mujer, que la alcanzaba, que la amaba. La primera mujer no podía ni imaginar como sería estar sin la segunda mujer, si un día soñaba que se iba, al día siguiente soñaba que volvía.
Antes, la primera mujer nunca había soñado con la segunda mujer, pero después, no sabía como soñar sin estar soñando a la segunda mujer.




J.C

jueves, 7 de junio de 2012

El cuento de una mujer que se quería llamar Sonrisa.


Un día odiaba algo y al otro día lo amaba y así todos los días.

Las personas  creían que ella tenía problemas, y eso la asustaba mucho y la ponía a llorar siempre por la noche; A ella no le gustaba saber que tenía problemas, al contrarío, le gustaba que las personas le dijeran que tenía los ojos con forma de almendras y que eran del mismo color de su cabello medio rojizo.

Le gustaban las burbujas y  que los últimos rayos del sol a eso de las 4:30 o 5 le tocaran los hombros y los senos desnudos, le gustaba estar siempre sin ropa y descalza, pero tenía que contentarse con poder dormir así y con sólo bailar desnuda en el patio los domingos cuando su familia se iba para la misa.

Le gustaba que los domingos llovieran pero  lo único que llovía era agua; le gustaba salir al patio sin ropa y se ponía mucho perfume con olor a cerezas aunque ella prefería pensar que olía a fresas. Reía, hasta que alguna gota de domingo le caía en los ojos y entraba llorando a la casa gritando que odiaba las gotas de todo y que por eso prefería el humo, pero en la casa no se podía fumar, entonces odiaba a la casa, a la familia y al humo por dejar tanto olor en las telas.

Le gustaban las telas con sudor, pero sólo con el sudor de las mujeres.

Cuando entraba a la casa y paraba de llorar por lo que había pasado en el patio, olvidaba que había comenzado a odiar los domingos, el agua y el olor duradero del humo y empezaba a recordar que odiaba a los hombres y a su sudor y pensaba en su mamá y la odiaba porque la consideraba un hombre.

Odiaba a los hombres pero amaba poder gustarle a uno siempre que podía, y era encantadora y los acariciaba por atrás de las orejas y entonces ella se conmovía y pensaba que eran muy tiernos porque no sabían cuanto los odiaban.

Cuando era pequeña odiaba las misas largas pero cuando fue grande –(sus papas se dieron cuenta de que tenía problemas, de que no se daba la bendición ni rezaba el padre nuestro con los ojos cerrados)- y dejaron de obligarla a ir a las misas, amaba que fueran largas porque así podía estar más tiempo sola en la casa, podía bañarse con la puerta abierta y sentarse en el piso de la ducha con la llave abierta o cerrada; se sentía en la escena de una película y amaba sentirse así, le gustaba la atención y odiaba no poder tener un cigarrillo en la boca, entonces se conformaba con apagar la luz, cerrar los ojos y cantar alguna canción que hubiera comenzado a amar. Otras veces no la cantaba, sólo la imaginaba en su cabeza entonces se paraba y comenzaba a bailar y volvía a reír porque sentía una complicidad con la música y amaba tener complicidad con las cosas.

Casi siempre odiaba la música, le rascaban y dolían los oídos como cuando escuchaba la voz de su mamá y entonces lloraba y escribía en un cuaderno viejo cuanto desearía ser sorda y después lloraba más porque se imaginaba sorda leyendo sus poemas favoritos sin poder escuchar las palabras que los componían y sin poder escuchar la palabra “decadencia” que era la palabra que más le gustaba.

Amaba los animales pero cuando sacaba a su perro a dar un paseo los odiaba porque parecían niños pequeños sin saber diferenciar por donde hay peligro. Odiaba el peligro y las motos, odiaba a las personas que tenían motos porque cuando ella se subía a una, le tocaba gritar y repetir lo que decía.

Odiaba que la gente no la escuchara y tener que repetir eso que no le escuchaban.

Odiaba tener que odiar tantas cosas porque se sentía sucia con ese sentimiento  y odiaba sentirse sucia de algo que no fuera pintura, ella quería poder amar todo y se odiaba por no poder hacerlo, odiaba no poder amar todo porque todo lo que ama es bello; Odiaba no poder ser bella aunque algunas veces se sentía bella y amaba esos momentos.

Amaba las flores y ningún día llego a odiarlas, ni aunque ensuciaran el agua, se murieran, fueran moradas y no hicieran nada…

Odiaba no poder ser una flor, odiaba todo lo que pudiera llegar a ser, entonces ella amaba más las flores porque aunque llorara mucho por no poder ser una, nunca llegaría a serlo. 

Quería ser todo, entonces lloraba más que cuando la gente pensaba que ella tenía problemas; y se desesperaba porque sabía que podía llegar a ser muchas cosas que amaba y que por llegar a serlas, las iba a odiar tanto o más como a los hombres o a su familia o a las cosas feas que no quería que le pasaran.

Odiaba las cosas feas y por eso siempre se ponía vestidos de flores porque algo que tuviera una flor no podía ser feo, ella pensaba en un hombre con una flor y unas medias con encaje, entonces por más que lo intentara no podía odiar a ese hombre…

Amaba sentir que no podía odiar algo.

Amaba amar.
Odiaba odiar.

Odiaba sentirse estúpida y algunas veces cuando amaba algo, como a ese hombre con flores y medias, se sentía así.

Odiaba pensar porque siempre resultaba odiando algo, por eso no quiso estudiar literatura o filosofía; y quiso aprender a coser para poder tener muchos vestidos de flores y sentirse bella porque cuando algo es bello, no puede odiar y entonces usaba eso que pensaba y que le parecía más bonito que un himno y se lo estampaba en el alma y se cuidaba de no decirlo frente sus amigos porque no le gustaba que le robaran sus pensamientos por los que había odiado y peleado tanto.

Odiaba tener que mencionar el alma para que las personas la entendieran, no le gustaban las cosas en las que hubiera que creer para que existiesen.  Odiaba tener que creer en cosas o en personas.

Odiaba saber que las personas descubrían sus problemas y después de parar de llorar en esas noches, comenzaba a pensar que quizás cuando ella era pequeña, alguien le había hecho algo y eso había causado esos problemas entonces recordaba muchas cosas que le parecían raras y se confundía mucho.

Odiaba llorar tanto por que se le hinchaban los ojos y la boca. Le gustaba tener ojos, nariz y boca, amaba ponerse labial antes de irse a dormir o cuando comenzaba a leer y su familia se reía de ella pero no los odiaba por que tenía un poco más de color en su cuerpo y medio se sentía como una flor.

Le gustaba pintarle las uñas a la gente y maquillarlos pero nadie se dejaba maquillar de ella por que decían que no sabía, entonces a ella le daban ataques de risa por que no entendía como a alguien podía asustarle tener un poquito de color en las mejillas. Odiaba ser capaz de pintar personas pero no saber pintar flores.

Odiaba que las personas no pintaran con ella, odiaba a los niños pero algunas veces los odiaba menos porque los niños aunque fuera para pintar el mismo paisaje una y otra vez nunca rechazaban una crayola.

Amaba el paisaje, amaba el cielo. Odiaba el cielo cuando estaba completamente blanco, porque sentía como si lo hubieran recortado con algún programa de computador. Odiaba los computadores porque eran iguales de infinitos que el universo pero mucho menos bellos. 

Odiaba pensar en el universo porque quizá nunca llegaría a verlo como muestran en televisión y la asustaba pensar que quizá ese universo no existía. Odiaba la televisión porque la distraía cuando quería leer y porque en su casa siempre ven  televisión con el volumen muy alto y eso a ella no la deja dormir.

Amaba dormir, amaba despertarse al amanecer y pensar en lo bella que es la mañana y el frio, amaba volverse a quedar dormida y después intentar recordar sus sueños; no le gustaba confundirse con no saber si eran sueños antiguos o de esa misma noche. Siempre quiso tener una libreta para anotar sus sueños y no confundirse más, pero nunca había encontrado una lo suficiente bonita para regalarle esos sueños. Amaba considerar sus sueños como cosas que de verdad habían pasado, entonces los resultaba guardando como recuerdos.

Odiaba que los sueños se le acabaran, odiaba no ser capaz de dormir siempre que quería, no le gustaba no poder hacer las cosas cuando le daban ganas… dormir, pintar, escribir, emborracharse.

Odiaba a las personas pero a las que más odiaba, era a esas que pretendían detenerla de hacer algo, odiaba que esas personas dudaran de su capacidad para adivinar las consecuencias de lo que planeaba hacer. Odiaba a las personas que trataban de entenderla porque se parecían a una luz blanca queriendo pasar y descubrir todos los cuartitos de una casa.

Odiaba que la tocara la luz blanca por que le iluminaba todos los defectos y le hacia arder los ojos. Amaba que la tocara la luz amarilla por que así las nalgas se le veían bonitas y porque cuando se miraba en el espejo iluminada por esa luz amarilla, se miraba tanto tiempo que llegaba al punto de no reconocerse y a entender un poco más como la veían los demás, odiaba no estar segura de que todos los demás la veían, odiaba pensar que los otros no la veían simplemente porque los otros no existían. Odiaba pensar en los otros porque siempre terminaba pensando cosas que le arrebataban la poquita coherencia que le quedaba.

Odiaba la coherencia porque todo era coherente sólo por encima, hasta ella misma, y odiaba sentirse igual que el resto de las cosas.

Amaba las cosas pero no quería ser una, amaba las cosas de épocas pasadas porque hubiera amado nacer mucho tiempo atrás. Odiaba que de haber nacido tiempo atrás no se hubiera podido enamorar de otra mujer, a ella le gustaban las mujeres y le gustaban más cuando sabía que a esas mujeres también les gustaban otras mujeres. Amaba lo bonito y esas mujeres le parecían bonitas.

Amaba las mujeres de los libros que leía porque siempre eran mujeres de otros tiempos que enamoraban a escritores de otros tiempos. Odiaba estos tiempos porque en ellos ya no había buenos escritores.

Odiaba no poder ser una buena escritora, odiaba no escribir las cosas que se le ocurrían casi siempre cuando se iba a subir al bus y no tenía un lápiz a la mano y terminaba por olvidar algo que hubiera podido  ser un poema y por odiar los buses que amaba porque en ellos siempre se subían personas diferentes que algunas veces reconocía.

No le gustaba olvidarse de algo, pero cuando le pasaban cosas feas que odiaba  se esforzaba por borrar esos recuerdos que la hacían retorcerse y cerrar los ojos muy fuerte.

Amaba cerrar los ojos muy fuerte porque veía puntos de colores que después odiaba porque le hacían doler los ojos.

A ella no le gustaba nada que le pudiera hacer doler los ojos; odiaba el dolor, sobre todo el de las agujas y se odiaba por no ser capaz de aguantar ese dolor porque le hubiese encantado pincharse todos los dedos con algún alfiler.

Amaba tener dedos y cuando iba al campo siempre alzaba las manos para ver el cielo entre sus dedos y sentirlo parte de su cuerpo.

Amaba el campo, amaba las carreteras en las que poco a poco se desvanecían las casas y los edificios para ser reemplazados por estrellas. Nunca amo u odio una estrella.

Odiaba que en los campos no hubiera teatros y librerías, entonces se imaginaba en una casa en el campo pintando bodegones que luego enviaría a la cuidad para juntar dinero y así poder comprar un columpio para su casita en la montaña. Amaba subirse a los columpios  y balancearse con mucha fuerza, odiaba a la mujer que amaba porque un día le dijo que uno se podía marear en los columpios y de ahí en adelante siempre pensaba en los mareos cuando estaba elevada en el aire y se asustaba porque quizá el columpio no iba a soportar su peso.

Odiaba tener un peso, hubiera amado ser muy liviana para montar muy rápido en bicicleta. 

Amaba las bicicletas porque aunque no la elevaran tanto como un columpio, siempre le daba el aire en la cara y el cabello, y porque ella no se mareaba en las bicicletas.

Amaba tener cabello y sentirlo sobre su espalda desnuda.

Odiaba su cabello cuando hacia el amor con alguien, amaba hacer el amor con las personas pero luego lo recordaba y odiaba al sexo por las ridículas posiciones que las personas terminaban haciendo y porque se le derretían los risos y ella odiaba que se le derritieran los risos porque era por lo único que le gustaba a la gente. Odiaba gustarle a la gente por su cabello y no por su voz.

Odiaba su voz porque nunca la sintió propia. Amaba las voces que acariciaban y luego se entestecía por que nunca había conocido realmente a alguien con ese tipo de voz. Odiaba que esa gente con voz bonita no la conociera. Odiaba que las personas no la reconocieran, hubiera amado el que todas las personas supieran quien era ella.

Amaba sacarse fotografías porque sentía que guardaba sus recuerdos para cuando su cabeza no pudiera hacerlo, amaba sacarse esas fotos y luego las borraba y pensaba en lo mucho o en lo poco que le hubiesen gustado a las personas. Amaba que las personas le pidieran que posara para sus fotos e intentaba sonreír pero eso nunca le daba resultado, entonces se odiaba por no tener una bella sonrisa fotogénica.

Amaba las sonrisas y hubiera amado llamarse Sonrisa. Odiaba no poder cambiar de nombre cada vez que encontraba uno más bello que el anterior. Amaba ponerle nombre a las cosas aunque casi siempre los terminaba olvidando. Olvidaba muchas cosas importantes… olvidaba que quería ir al baño o hacer un café.

Ella odiaba olvidar que debía de terminar sus cuentos y amaba empezar muchos nuevos porque así sentía que estaba viva. Amaba las cosas vivas y odiaba no poder entender cómo cuerpos de animales muertos hacían cosas buenas en su cuerpo, amaba sacarse las espinillas y tomar té cuando se intoxicaba. Amaba intoxicarse porque le parecía muy bonito que su cuerpo decidiera expulsar cosas, odiaba su cuerpo porque no entendía cómo funcionaban las células. Odiaba no poder entender algunas cosas sólo porque le parecían aburridas.

Odiaba sentirse aburrida y desolada.

Amaba sentirse cansada porque sentía ganas de dormir por siempre, amaba sentir ganas de algo. Amaba sentir y lo único que odiaba sentir era miedo. Odiaba al miedo porque era como esas personas que la intentaban detener y que la hacían marear en los columpios.

Amaba detenerse a escribir las fechas por todas partes, amaba saber qué para cada día había un número. Amaba olvidar que escribía esas fechas en los libros y redescubrirlas años después cuando volvía a llorar por lo bellos que eran, amaba sus libros y hubiese odiado tener que deshacerse de ellos, amaba sentarse a abrazarlos, amaba perderse entre las líneas y cuando a esos libros los iluminaba una luz blanca no podía odiarla. Los amaba a todos con la misma cantidad de amor y nunca pudo decidir cual era su favorito.

Amaba abrazar a todo lo que pudiera, amaba que la cargaran y la abrazaran muy muy muy fuerte. Amaba el calor que sentía en esos abrazos. Amaba al sol porque su calorsito siempre se podía tener sobre los brazos y todo el cuerpo…

Un día leyendo sus cuentos se dio cuenta de qué si combinaba algo que odiaba con algo que amaba, por mucho que se esforzara no podía odiarlo, entonces amo esa idea y empezó a agrupar sus hábitos pero al otro día la odio y prefirió seguir mirando las nubes y pintar a los animales que se le atravesaban con su acuarela de color azul.




J.C.


martes, 22 de mayo de 2012

Poema De La Despedida


Te digo adiós si acaso te quiero todavía
Quizás no he de olvidarte... Pero te digo adiós
No sé si me quisiste... No sé si te quería
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste y apasionado y loco
Me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... No sé si te amé poco,
Pero si sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo
Y el corazón me dice que no te olvidaré.
Pero al quedarme solo... Sabiendo que te pierdo,
Tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós y acaso con esta despedida
Mi más hermoso sueño muere dentro de mí.
Pero te digo adiós para toda la vida,
Aunque toda la vida siga pensando en ti.



José Angel Buesa.

domingo, 6 de mayo de 2012

El hombre imaginario.


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.


Nicanor Parra.

viernes, 4 de mayo de 2012

Y entonces.


Buscando una medida imposible
En cada línea,
En cada pétalo de las flores que en algún lugar a tanta distancia caen…
Pasan los días, como mediosdías.

Y entonces, usando los mismos vestidos,
Las tardes son tan tristes…
… que ni al cielo se permite ver,
Ni el calor…
…ni la presencia de ella que ni siquiera esta presente,
Pueden seducirme (encontrarme)

Algunas tardes, sólo hay vacio,
Y me siento más desolada que siempre…

Y entonces, pongo mi cuerpo en un cuarto… en una cama.
Pongo mis ojos en cada cosa,
Mis oídos en cada soplo del viento,
Dispongo cada poro, cada pestañeo,
Para quedarme siempre en este cuarto,
Releyendo.
Refumando los mismos cigarrillos (pensamientos)

Y entonces, mediodecadente
Soy una de esas flores que se marchitan en una medida posible…
Estoy lloviendo,
Soy una de esas nubes que se evaporan por todas partes…
Te mojo,
Pero yo no quiero ser lluvia.

J.C