miércoles, 29 de febrero de 2012

Poema 14

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.

A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.


De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.


Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.


Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.


Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.


Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.


Pablo Neruda.

sábado, 18 de febrero de 2012

La Noche.

I

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.

Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.

Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

II

Estás solo, lo mismo.

Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
yo no soy en tu noche más que un lago, una copa,
más que un profundo lago,
en que puedes beber aun cerrados los ojos,
olvidado.
soy para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo de la muerte,
lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda,
y llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y el olvido total lo ciega y lo anonada.

Sin límites la noche,
pura, despierta, sola,
solícita al amor, ángel de todo gesto...

Estás solo, lo mismo.
Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete a la hora.


Idea Vilariño

Ya no.




Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.


Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú.
Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volverá a tocarte.


No te veré morir.



Idea Vilariño


sábado, 4 de febrero de 2012

Erase una vez el amor pero tuve que matarlo.


Cuando supe que nunca más iba a tenerla, enloquecí: Antes que pase un segundo habrás muerto cien mil veces, dice una frase del Corán y yo tuve que vivirla. No había dejado de amarme pero su amor estaba enfermo y no soportaba más mi presencia. Vi todo el dolor en sus ojos, todas mis traiciones y mentiras, yo era la persona entre ella y yo, el rival imposible.

Entonces, cuando ya no importaba, estalló mi amor: su amor enfermo no hacía resistencia y el mío fue hacia ella como un rayo pero ella estaba cerrada. Y mi amor se quedó conmigo y hubo gotas de sangre en mi silencio. Ella se alejó y yo entré al cuarto frío, el menos florido de todos los manicomios, y todavía no salgo.

Como no tengo a quién odiar lo odio a él, como hay culpable lo culpo a él, como no hay enemigo le convierto a él en enemigo. Mi amor es sobrenatural, un pecado sin Dios, una telenovela sin fin, un nuevo comercial de margarina. Como a quien debo matar es a mí, mato el amor. Como soy el incendiario, el innombrable, lo nombro a él. Como no he podido explicarle a ella cuánto la amo, se lo explico al mundo.








Efraim Medina.

mzd.

Cali, Agosto de 1975

¿Cuánto hace que no soy nadie? Soy una muralla blanda de sombras y de humo. He atravesado, de noche, una muralla de agua, y me he refugiado en este castillo y me ha dado una piquiña, que no sé si fue producida por la ropa que se me pegó por completo a la piel, pero me dejó la piel seca, seca y reaccionando a la humedad excesiva, y por eso ahora pica. ¿Qué haré yo, qué pensaré mañana? Conseguiré de nuevo un estado parejito, una luz, una potencia que me pueda asegurar que mis fuerzas vuelven… Oh, es cometer la acción y sentir inmediatamente el arrepentimiento. ¿Para qué entonces? ¿Con qué objeto?
¿Podré escribir ahora, de nuevo, que me propongo un nuevo día? Palabras, palabras fuertes mías, concédame unos sueños en los que pueda mirar al futuro, y un amable despertar.

lunes, 30 de enero de 2012

El odio sea con vosotros.

La amo con todo y contra todo. Con un amor posible e imposible.
La amo tanto que tuve que dejarla libre.
La amo, la necesito.
La amo.
Me ama.
Me odia.


El tiempo no esta con nosotras.







domingo, 29 de enero de 2012

Soy un hombre melancólico.



Puede ser una tarde con estrellas
La tarde se parece a mí
Soy un hombre melancólico
Soy un poeta.
Cuando tenía 12 años fui a mi primera
fiesta y fue cuando me toco bailar por
primera vez en mi vida. Me fue muy mal.
No me cogió el paso. Me dijo: no le
cojo el paso y me dejó allí. Y yo fresco.
Pero ahora yo pienso
que si me hubiera cogido el paso ahora yo
sería bailarín y no poeta.
Hay gente que puede ser poeta y bailarín
al mismo tiempo.
Pero yo no puedo. Yo soy un hombre melancólico.
Puede ser la luna a mis espaldas.


Andrés Caicedo.




sábado, 28 de enero de 2012

Epitafio.

Se extinguió de entusiasmo y murió de pereza;
si vivo es por olvido; no ser en una pieza
él mismo y su querida fue su única tristeza.
No nació de ningún modo;
va donde el viento le deja;
es cual bazofia compleja,
mezcla adúltera de todo.
Hecho de “qué se yo”. Un lince
en cuanto a vista. Oro y poco dinero.
Muchos alimentos y... un esguince
si el brío ha de ser duradero.
Un alma inmensa para quien no tiene violón.
Demasiado amor para un mal garañón.
Muchos hombres y... ninguna demostración.

Alma seca, beoda mollera.
Tan suyo, que a sí mismo era
fuerza el poderse tolerar;
murió mirándose vivir,
y por no saber acabar
vivió dejándose morir.
Aquí yace este corazón,
flor de fracaso y perfección.



Tristan Corbière.





sábado, 21 de enero de 2012

La mujer más injusta.


La mujer más injusta del mundo esta satisfecha de mí.

De ella siempre salía un brillo que la hacia ver muy clara y acida; un acido que consumía todo y lo llenaba de rencores y de odio (ella sólo estaba cargada de eso para las mujeres) por que para ella estaba bien y el amor era algo malo si uno se lo permitía ver como algo más que la inspiración para un poema.


Tuvimos una relación pero ninguna logró darse cuenta.

Me enseño tanto. Con ella estuve en la peor época de mi vida, (por que ella fue la peor época) pero yo pensaba que era la mejor, es que yo siempre había estado dormida y ella me despertó por ser tan clarita.

Pero después se fue manchando. Me fue manchando.

Me fue manchando de todo de lo que se nos atravesaba, de pintura, de drogas, de vicios, de libros, de humo, de personas, de pensamientos; ella ponía un pie y el lugar se manchaba en minutos que volaban, por que eso sí, duro conmigo cuarenta y dos
segundos que le fueron suficientes para llevárselo todo. (María oscura)
Ella era mágica, pero no de la magia buena, sino de la magia que daña a las personas.

Yo logre quedarme conmigo y en poquito tiempo me recupere, mude de plumas, una a una las fui cambiando.

Y ahora llego otra… una que la dejaron igual de sucia que a mí. Ella y yo podemos bañarnos juntas, y así yo le limpio las manchas que ella no se alcanza a ver y ella limpia las mías.

Yo no puedo dejar de mirarla por que tras repetir algo veintiún
días, ya se vuelve costumbre y yo llevo como siete meses sentada siempre que puedo en la misma silla, en la que la puedo ver enterita.

La clara es como la gripa, no se siente pero uno sabe que en cualquier momento se despliega el virus y ataca.

Y la de las treinta y seis manchas, esta ahí como el cielo; siempre que uno lo quiero ver es sólo levantar la cabeza y ahí esta.


Yo soy las nubes.





viernes, 20 de enero de 2012

En mi patio hay cuatro ventanas.

No mueva más así la jaula que no me deja ponerle bien la toalla para cobijarlo,

Nadie ha venido a acostarlo ¿Cierto?

¿Sí ve?

Pero cuando estaba recién llegado ¡todos venían a mirarlo! Ah, y ¡cuando usted cantaba! Los enloquecía, pero como ya lleva más de un año viviendo aquí… Antes se peleaban por cambiarle el agua y por echarle más alpiste, y usted creía que tenía el mejor dueño del mundo porque él iba a la tienda a comprarle un ponquecito para darle por la mañana. Y ¡cuando usted se bañaba! Todos venían a hacerle fiesta, a nadie le importaba que el patio quedara lleno de agua y a veces vuelto un pantanero.

-(Risas)-

Pero ya, apenas me dice mi mamá `Vaya y trapeé ese patio que aquel otro lo volvió nada´


Sacarlo al patio descubierto cuando esta haciendo sol, cambiarle el agua, el periódico, taparlo para que no le dé frio, darle torta y alpiste por la mañana (o cada vez que se le acaben) se han vuelto mis tareas, sabiendo que al principio yo ni lo quería. Y así es usted tan descarado que cuando yo vengo a hacerle la visita, no es sino que me escuche por la cocina para que cierre el pico y no lo vuelva a abrir. Claro, pero cuando viene el qué le corta las alas para que no se vuele, a él sí lo quiere, y le canta y le saca “los piojitos” de la cabeza, no entiendo ni para que le siguen cortando las alas sabiendo que son lo más bonito suyo y que sólo por la torta que yo le doy, no se va a volar.

En cambio cuando yo lo veo a él, se me revuelve todo. Desleal es lo que usted, sabiendo que también me las cortan a mí por que yo no pensaría dos veces en irme volando, corriendo, trotando, caminando, ARRASTRÁNDOME.

Lo que me cortan a mí, que serían sus alas, se llama “PLATA” y a diferencia de usted, yo no podría sobrevivir más de un día sin ella.



viernes, 13 de enero de 2012

Amanecer.

Hoy te levantaste con tu predilecto ojo púrpura.
Era blanca la sábana de la amargura
y el horizonte de la pureza
teñía tu mirada de rictus oxidados.

Era el barrote, era la prisión, era el asilo
de las algas pegajosas como silencios de aves muertas.
En este minuto desvestido, ¡Sade!, te quise.

Tus extrañas manos eran tentáculos
de islas olvidadas,
pájaros negros pasaban sin delirio,
todo era cansancio de espigas
sin respuesta, las ostras abrían su carcomido
número de oficina, y las medusas de las rocas
eran sirenas con añil púrpura en los labios.
¡Cuánto olvido!¡Cuánta bajeza escuchaste de los potros enrojecidos!

En tu cerebro aullaba un lobo herido,
¡Cuánto pantano había en ti!
¡cuánto nenúfar de oloroso incienso
gastaba las mentes de los gritos!
Mas era la mañana de licor,
y delirio menstrual, tu sexo
se sobreponía a los tumbos del alma.

Vencido como las serpientes al acecho,
tu diente clavó el oxígeno de las cataratas.
¡Cuatro monjas azules te sujetaron!
¡Sade!, ¡Sade, cuánto te quise!
En el abismo del espumarajo,
en la epilepsia del ruido,
no hubo nadie que te escuchara.

Fuiste así el vampiro de los coches nocturnos,
la piedra rodada en los prostíbulos rojos,
la sutil emanación de los pezones iluminados;
no hubo nadie que te escuchara.

Fue aquella noche cuando dijiste a los delirios
que el mundo estaba acabado,
que una copa de tinte negro
valía más que el cofre de una hostia;
no hubo nadie que te escuchara.
En la mañana de la noche tu cabello revuelto
vago por las callejuelas de los cálices,
en la mañana, las estrellas de tus dientes
comieron de la fruta prohibida...

¡Sade!, ¡Sade!, cuánto te quise.
Tú, el odiado, supiste del escalofrío virginal,
tú, el de siempre, supiste desatar la envidia lechosa
de los primeros caminantes.
¡No!, no, no hay respuesta para tu silencio
de tortura, no hay torre que contenga tu buitre
de alhajas perdidas... todo lo diste...En las piedras, en los musgos,
en los acantilados,
en la felatina de las rendijas,
tu mirada fue víctima del picotazo.

Ya sin ojos, destruido como los huesos
de las gaviotas, infeccionaste la soledad
de tu celda.
¡Sade!, Sade, cuánto te quise.
Allí, el de siempre, allí el de las hojas sin velo,
allí el transfigurado por el gusano de los remos sin rumbo.
Es la hora del ojo negro,
es la hora donde la sangre y el reloj,
anuncian la terrible campanada de la tortura.

La sonrisa impasible se enmudece,
los miembros se trenzan en la noche sin espinas.
¡Aurora es la indicada!, ¡aurora es la vestal!
Los grillos suenan, la puerta de hierro fundido se abre.
¡Sade!, eres la demacrado de las primeras horas.



Guillermo Sáenz Patterson.


Cuanto te quise.




miércoles, 11 de enero de 2012

El recital.

Él dice que no se ha graduado pero yo sé que sí, no nos invitó porque cuando tenia mi misma edad mi mamá le decía que él iba a las escuela de música sólo para no estar en la casa “Su música es una excusa” si no hacia el oficio no podía ir; cuando ella iba a los conciertos se ponía a llorar y aplaudía con las manos muy en alto, nunca supe si lo hacia para saber si eso le gustaba de verdad a él o porque se sentía orgullosa. Su orgullo es sólo de boca, para decirle a las vecinas que él trabajaba en la Filarmónica, pero que el otro hijo estaba en Londres.
A él no le gusta la música, toca contrabajo todo el día pero cuando descansa diez minutos ve carreras de motos y de carros, y en el computador también, y los cuatro primeros sueldos los ahorro para comprarse una moto grande; la música le camuflo los sueños, ¡Se los trago!
Si eso es una excusa, es la excusa más bonita de todas




miércoles, 30 de noviembre de 2011

Erase una vez el amor pero tuve que matarlo-

No siempre fui bueno con ella, más bien era un hijoputa. La amaba tanto y no sabía qué hacer. En vez de darle lo que sentía. De llenarla con ese áspero amor, me lo tragaba. Es algo que todavía no entiendo: su amor me llegaba fácil, en cambio el mío no fluía hacia ella. Creo que su amor reprimía el mío. Ella y su amor formaban una sustancia espesa y mi amor y yo nos quedábamos atascados, entonces me volvía una furia y ella no podía entenderlo. La traté mal muchas veces por que estaba desesperado pero la quería más que a mi vida y cuando ella se fue, mi vida se apagó.

Efraim Medina Reyes.
Erase una vez el amor pero tuve que matarlo (Frag)








Mi tiempo malo, detener la lluvia con flores
un parque lleno de luz, C&A rodeadas de tipos
cargaditos de martirios, la armonica, un conejo
en lugar mio cargando pesares
Y las manos, nuestras manos.
las Sonrisas. el Cielo.
el banano al lado de la
torta de atún.

y vos...

viernes, 25 de noviembre de 2011

El Leteo.


Ven a mi pecho, alma sorda y cruel,
Tigre adorado, monstruo de aire indolente;
Quiero enterrar mis temblorosos dedos
En la espesura de tu abundosa crín;

Sepultar mi cabeza dolorida
En tu falda colmada de perfume
Y respirar, como una ajada flor
El relente de mi amor extinguido.

¡Quiero dormir! ¡Dormir más que vivir!
En un sueño, como la muerte, dulce,

Estamparé mis besos sin descanso
Por tu cuerpo pulido como el cobre.

Para ahogar mis sollozos apagados,
Sólo preciso tu profundo lecho;
El poderoso olvido habita entre tus labios
Y fluye de tus besos el Leteo.

Mi destino, desde ahora mi delicia,
Como un predestinado seguiré;
Condenado inocente, mártir dócil
Cuyo fervor se acrece en el suplicio.


Para ahogar mi rencor, apuraré
El nepentes2 y la cicuta amada,
Del pezón delicioso que corona este seno
El cual nunca contuvo un corazón.


Charles Baudelaire.



martes, 8 de noviembre de 2011

Tango infinito

Volverás
Hoy fue la noche quien lo dijo

Hoy la noche cayó del caballete
Y la ventana entró pintando
Lunas azules en mi cuarto
Volverás
Aunque Porque
La noche mienta La noche inventa


SALVADOR PUIG (Uruguay, 1939)

Entresilencios

Porque soy de esas mañanas que desgarran
la suma de los vientos en lo alto
y descienden verticales por la cruz
a la hoguera de los no deshabitados

quieres palabras (el día las destruye)
yo quiero darme (el árbol coge sueños)
la sombra de una hoja en esas nubes.

No puedo verme en esos ojos que todo lo distraen,
lluvia mujer sol y gris de abril que estira un canto,
un páramo que tras la voz desaparece llama

-es un espectro- va el traje maquillado y la sonrisa-
tiene el rostro de un dios –alguien se cruza-
o te comparte –es la infinitud de la nostalgia.

Porque soy de esas mañanas que desgarran
la suma olvidada de los vientos

quiero palabras (el día está contigo)
tú quieres darte
la sombra de una hoja en esos sueños.

En el sereno cuaderno de la paloma y la muerte,
en el deseado retiro de la uva y el pez,
con la sed de las rosas en tu nombre me persigno.
Un árbol como nubes –tu recuerdo- me cobija.

PABLO URQUIZA (Argentina)

viernes, 28 de octubre de 2011

INSOMNIOS



No tenía ganas de pensarte esta noche,
Pero fue incesante cada movimiento (sub)acuático en mi océano de recuerdos,
No tenía ganas de soñarte esta noche,
Pero fue incontrolable el caer vacío de mi sueño fingido con tal de tenerte imagen.
No tenía ganas de sentirte esta noche,
Pero fue acechante el olor tardío del recuerdo que quedaba en mi pequeño océano.
No tenía ganas de verte esta noche,
Pero fue inevitable correr en busca de destellos en esos pequeños lugares que re-corrimos juntos, inagotables.
No tenía ganas de esta noche,
Pero sabía que el tiempo no me esperaría para poderle responder al silencio con un grito unísono, aplastar el recuerdo con tu abrazo y olvidar la basura con un beso…

No tenía ganas de esta noche,

por que sabía que estaría llena de vacíos y de tí.





Laura Salgado.

lunes, 3 de octubre de 2011

Hasta mañana.

Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte que es su pobre dueño
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos.
Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.

No me lo digan cuando me despierte.


Mario Benedetti.

Arco iris.

A veces
por supuesto
usted sonríe
y no importa lo linda
o lo fea
lo vieja
o lo joven
lo mucho
o lo poco
que usted realmente
sea.

Sonríe
cual si fuese
una revelación,
y su sonrisa anula
todas las anteriores,
caducan al instante
sus rostros como máscaras,
sus ojos duros
frágiles
como espejos en óvalo,
su boca de morder,
su mentón de capricho,
sus pómulos fragantes,
sus párpados,
su miedo,

Sonríe
y usted nace
asume el mundo,
mira
sin mirar,
indefensa,
desnuda,
transparente.

Y a lo mejor..
si la sonrisa viene
de muy
de muy adentro,
usted puede llorar
sencillamente
sin desgarrarse,
sin deseperarse,
sin convocar la muerte,
ni sentirse vacía.


Llorar
sólo llorar.

Entonces su sonrisa
si todavia existe
se vuelve un arco iris.


Mario Benedetti.

miércoles, 28 de septiembre de 2011